
En una edición especial de El Tiempo No Para, el programa conducido por Heber Comino, los micrófonos de FM Encuentro 103.1 se abrieron para recibir a dos verdaderos referentes del trabajo, la historia y la mecánica del pueblo: Julio Ernesto Abil y Alberto «el Loco» Lorenzo. Ambos compartieron su pasión por los fierros, anécdotas de una vida entera de trabajo y los lazos profundos que los unen a la comunidad.
Julio Abil: la mecánica como forma de vida
Nacido en Ascensión el 9 de julio de 1939, Julio Abil heredó desde niño la vocación familiar por la mecánica. Su infancia transcurrió entre herramientas, motores y el bullicio del taller de su padre y tíos. En los años 60, junto a su hermano, fundó su propio emprendimiento: una sociedad que se convirtió en sinónimo de calidad y confianza en la zona, especialmente por su trabajo con tractores Zanello.
Julio recordó con emoción los tiempos de gloria y los desafíos tras la pérdida de su hermano en 1995. “Fue un antes y un después”, confesó, pero su amor por la mecánica lo mantuvo firme, convirtiéndose en un símbolo de resiliencia. Hoy, con más de 60 años de trayectoria, sigue al frente de su taller con la misma pasión y perfeccionismo de siempre.
Alberto Lorenzo: del taller a la leyenda
Proveniente de Vedia, Alberto “el Loco” Lorenzo llegó a Ascensión siendo muy joven y se quedó para siempre. A los 17 años empezó como mecánico junto a Alfredo Di Marco y, con los años, forjó su propio camino en el rubro de maquinarias e implementos agrícolas.
Con más de 63 años de experiencia, Alberto se ganó el cariño del pueblo no solo por su trabajo incansable, sino también por su carisma y espontaneidad. Casado con María Galeano, se define como un apasionado de lo que hace, y su apodo “el Loco” lo lleva con orgullo, reflejo de una personalidad auténtica y entrañable.




Historias entre tuercas, motores y valores
Durante la entrevista, ambos compartieron anécdotas que mezclan humor, sabiduría y emoción. Hablaron de la transformación del oficio con la llegada de nuevas tecnologías, del valor del trabajo bien hecho, y del rol fundamental que desempeñaron en épocas donde el taller era punto de encuentro y escuela de vida.
Julio y Alberto coincidieron en algo: el trabajo manual, el compromiso y la pasión por lo que se hace son pilares que no pasan de moda. «Nosotros aprendimos con errores y aciertos, pero siempre con ganas de mejorar», expresó Alberto, mientras Julio recalcó que «el taller era como una segunda casa».
Reflexión final
La presencia de Julio Abil y Alberto Lorenzo en El Tiempo No Para no fue solo un homenaje a sus trayectorias, sino también un reconocimiento a quienes han dejado huella a fuerza de trabajo silencioso, dedicación y amor por su comunidad. Sus historias, llenas de sacrificio y nobleza, inspiran a nuevas generaciones y recuerdan que en cada motor reparado hay también un pedacito de historia local.