Con el Prado Español colmado por más de 3.000 personas, se desarrolló una nueva edición de “Ascensión Vuelve a Cantar”. Una noche donde el folklore y el sentimiento de comunidad se fusionaron en el escenario “Jorge Cafrune” para reafirmar la vigencia de este encuentro.



















El éxito no es casualidad. Cuando las instituciones de un pueblo se unen, el resultado es una fiesta impecable. Bajo la organización de la comisión presidida por Alcides Longo —e integrada por la Escuela Primaria N.º 6, el CEC 802, la Secundaria N.º 2 y el Jardín Maternal N.º 1—, el evento contó con un despliegue de sonido e iluminación a la altura de las grandes citas nacionales.
El Gobierno Municipal, encabezado por la Intendente Erica Revilla, brindó un apoyo incondicional para hacer realidad el acontecimiento festivales, respaldado también por el apoyo de firmas auspiciantes.
El paseo de artesanos y emprendedores junto a las atracciones infantiles le dieron el colorido ideal al acontecimiento festivalero. Mientras que las instituciones organizadoras montaron un completo servicio de cantina, implementando el “EcoVaso”, una iniciativa ecológica que logró una total adhesión en los presentes.
La apertura artística tuvo un tinte especial. El destacado interprete local, Charly Montaño, entonó la canción oficial del festival, que este año celebró su décimo aniversario convertida en un auténtico himno de identidad para Ascensión, acompañado por el colorido de las academias de danzas del distrito.
El semillero de artistas también tuvo su lugar destacado con la presentación de la escuela de canto de la Prof. Silvana Raies. Alumnos como Lucas González, Nacho Tarantola, Thiago Longo, Martina Bianchi, Melody Almada y Catalina Farías demostraron su versatilidad recorriendo géneros que fueron desde el folklore hasta el rock y el cuarteto.
Tras la bendición del Padre Gustavo, el ritmo festivalero subió la temperatura con “De Buena Cepa”, integrado por Norby Lambrisca, Nelson Giachello y David Vallaco, con todo su ritmo festivalero a un año del debut en este gran evento.
Posteriormente, llegó el momento de “Clasikeros”, con la participación de Diego Demico, quien vivió un emotivo reencuentro con su público.
La frescura llegó de la mano de Felipe Gutierrez Mercé, el pequeño gigante de 11 años llegado desde Teodelina, quien volvió a cautivar a todos con su notable talento.
Luego, la excelencia musical continuó con el folklore de proyección de “Nativa” y la brillante voz de Alma Hernández, la representante de Ferré, que tuvo un gran reencuentro con el publico, brindando una actuación de alto vuelo.
El tramo final de la noche fue impactante. “Los Bagualeros”, con el ascensionense Matías Albornoz en sus filas, prepararon el terreno para el momento más esperado: el recital de “Campedrinos”. El dúo, recientemente consagrado en Cosquín, hizo vibrar el Prado Español con un recorrido por el cancionero popular, antes de su próximo desembarco internacional en el Festival de Viña del Mar, Chile.
Y como no podía ser de otra manera, la fiesta terminó bien arriba. El grupo de Los Toldos, “Hagan Lío”, puso a bailar a las familias presentes con un repertorio de cumbia y cuarteto que cerró una jornada inolvidable para el distrito.
Un faro cultural que trasciende fronteras
Más allá de los números de convocatoria o el brillo de las luces, la verdadera trascendencia de “Ascensión Vuelve a Cantar” reside en su esencia colectiva. En tiempos donde los esfuerzos suelen ser individuales, este festival se erige como un monumento al trabajo mancomunado de las instituciones educativas y sociales del pueblo. Es, en definitiva, el motor que transforma el esfuerzo de una comisión en beneficios para las escuelas y el jardín local.
Con diez años de su himno oficial y una grilla que combina la consagración de artistas como Campedrinos con el debut de las nuevas promesas de la zona, el festival ha dejado de ser una cita local para convertirse en un referente ineludible del calendario cultural bonaerense.
Ascensión no solo volvió a cantar; volvió a demostrar que su Prado Español es el corazón latente de una tradición que se renueva, que abraza a sus hijos que regresan al escenario y que proyecta su identidad hacia el mundo. El éxito de esta edición no se mide solo en aplausos, sino en la certeza de saber que el festival ya es patrimonio eterno de su gente.
