Pablo Merad y su ahijado Martín: tradición, afectos y pasión criolla en El Tiempo no Para

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El pasado domingo de Pascuas, El Tiempo no Para, el programa conducido por Heber Comino en FM Encuentro 103.1 MHz, recibió a dos invitados muy especiales: Pablo Merad y su ahijado Martín. La emisión se convirtió en una verdadera celebración de la vida rural, con emociones a flor de piel, relatos cargados de historia y una participación masiva de oyentes que acompañaron con mensajes desde distintos rincones.

Rodeo, familia y un sueño cumplido en Palermo

La charla giró en torno a una experiencia inolvidable: la reciente participación de Pablo y Martín en la final nacional de rodeo en La Rural de Palermo. Padre e hijo en la pista, compartiendo la pasión por el caballo criollo en uno de los escenarios más importantes del país. Contaron cómo vivieron esa instancia, los nervios, el orgullo y, sobre todo, el valor de haberlo hecho juntos.

“Lo que uno vive ahí no se olvida más. Verlo a Martín en esa pista es algo que me voy a llevar siempre conmigo”, expresó Pablo, visiblemente emocionado.

El Sauce, mucho más que un criadero

En el aire quedó claro que el campo “El Sauce”, donde se formaron como jinetes y personas, es también un lugar de encuentro, de aprendizaje y de afectos. Pablo lo definió como “una escuela de vida”, donde los valores del gaucho siguen vivos: la hospitalidad, el esfuerzo, el respeto por la tierra y por el otro.

Allí no solo se crían caballos, se forjan lazos, se transmiten conocimientos y se forma comunidad. “Es el rancho de un amigo al que uno llega, como decía el Martín Fierro”, resumió.

La música, la tierra y la identidad

Como en cada emisión del programa, la música también tuvo su lugar. Pablo destacó el rol de las canciones en la vida rural, mencionando temas de Las Pastillas del Abuelo y Cuti y Roberto Carabajal como banda sonora de momentos importantes. Habló del caballo criollo como símbolo nacional, de sus características únicas y de la importancia de preservarlo como parte de nuestra identidad cultural.

Y en cada anécdota, en cada palabra, se sintió el amor por el pueblo, por lo simple, por las cosas que verdaderamente importan.

Una comunidad presente

Los mensajes no dejaron de llegar durante toda la emisión. Familiares, amigos y vecinos saludaron, felicitaron y compartieron recuerdos. Hubo espacio para la risa, para el recuerdo de los que ya no están, y para ese agradecimiento sincero que brota cuando se vive con autenticidad.

Palabras que quedan

“La música en la vida de las personas tiene que ser algo muy importante; una vida sin música no tiene sentido… la música de la naturaleza, de los pájaros, de las personas, del viento.”
Pablo Merad

“El caballo criollo es nuestro, es parte de nuestra identidad. Criarlo, conocerlo y competir con él es un orgullo y una responsabilidad.”

“El Sauce es una escuela porque hay aprendizaje, pero sobre todo es un rancho de amigos, un lugar donde siempre hay tiempo para compartir un mate, una charla y un buen momento.”

Un cierre con alma de pueblo

Al final del programa, Pablo dejó un mensaje que sintetiza el espíritu de la charla: un llamado a valorar la vida en comunidad, a ejercitar la empatía, la tolerancia y el compromiso con el otro. “Amo mi lugar, acá tengo mucho más de lo que necesito y mucho más de lo que merezco”, dijo, con la voz quebrada por la emoción.

El Tiempo no Para volvió a regalar una hora de radio que trasciende lo musical o lo informativo: un espacio donde la gente cuenta su historia, donde se honra la identidad y donde, como en cada rincón del pueblo, siempre hay un mate listo para compartir.