InicioEspectaculosUn homenaje hecho de bellas canciones

Un homenaje hecho de bellas canciones

[ad_1]

Valeria Ambrosio cumple 15 años como directora con esta obra inspirada en la música de los años sesenta que fue encargada por la productora Kinucha Mitre para recordar a su hermano Luis Emilio

Ambrosio, de regreso
Ambrosio, de regreso. Foto: Mauro Alfieri

«No me interesa contar una historia lineal. El teatro es magia, es poesía», explica Valeria Ambrosio para definir su manera de construir un espectáculo. Su interés está más ligado al campo performático; le gusta que el espectador se conmueva con ciertos signos que emanan de la luz, la música, el cuerpo de los intérpretes. Que con esos elementos se termine de armar la obra. «Necesito proponer estímulos -dice-, sobre todo con las canciones.» Así dio forma a Amado mío, que está presentando en el Maipo Kabaret, interpretado por Florencia Benítez, Nacho Pérez Cortez, Esteban Masturani, Emmanuel Robredo Ortiz y Willy Lemos.

Cuando el año pasado finalizaron las funciones en el Paseo La Plaza de Dinner, de Moira Buffini, la productora Kinucha Mitre le dijo a Ambrosio que tenía una deuda con ella. Hace quince años había visto su primer espectáculo, Mina… che cosa sei?!, protagonizado por Elena Roger, y había quedado fascinada con el repaso de canciones italianas que daban forma a la obra. «Nos reunimos muchas veces -cuenta la creadora- y luego de un tiempo comprendí la conexión. Ella quería homenajear a su hermano Luis Emilio [que fue encontrado muerto en su departamento en 2003], a quien le encantaba esa música de los años 60. Ella estaba muy apegada a él y su muerte aún hoy le resulta incomprensible, sobre todo porque no se ha hecho justicia. Y entonces dijo: «No insisto más con la justicia terrenal, te hago este regalo y quedo en paz». Me pareció un motivo noble y desesperado. En mi cabeza se linkearon cosas. Quería trabajar con textos de Pier Paolo Pasolini y, por otro lado, estas canciones me hacen mirar atrás, a mis orígenes, porque mis padres son napolitanos. Y como en algunas experiencias anteriores había trabajado con mujeres, ahora decidí hacerlo con hombres», dice en referencia a Boccato di cardinale, en la que repasó temas que interpretaba Rita Pavone, y a Ella, sobre Raffaella Carrá.

En Amado mío no se desarrolla una línea argumental. Se van hilvanando canciones como «Lontano dagli ochhi», «Amore scusami», «La piu bella del mondo», «Io ti amo», «Sono como tu mi vuoi», «Guarda che luna», «Ho capito che ti amo», «La notte». Una selección quizá arbitraria, pero que a Ambrosio le permitió recordar parte de su historia. Los textos que completan el guión pertenecen a Teorema.

-¿Cómo definiría esta propuesta?

-No es una comedia musical. Es teatro musical, pero para construirlo necesitamos un hilo conductor. En este caso, la pérdida de un ser querido. Siempre trabajo a partir de algo que me preocupa. Estamos viviendo en una sociedad deserotizada. A partir, creo, de la inmediatez de la comunicación de hoy, en que creo que ya nadie escribe todavía una carta de amor. Antes, cuando estabas pendiente de alguien que te gustaba, lo llamabas por teléfono, discabas tres números, te arrepentías y cortabas; o estabas esperando su llamada. Ahora, cuando suena el teléfono, te sale el nombre de la persona, no hay misterio. Esas cosas, que se fueron perdiendo, eran inspiradoras, contribuían a un romanticismo, a un modo de construir el amor que se modificó. Creo que me agarró la nostalgia, la melancolía. Algo así como pedir que nos detengamos un poquito y miremos al otro, que dejemos el lugar autorreferencial.

-Las canciones responden a esa época y a ese concepto sobre el amor. Tus intérpretes son muy jóvenes. ¿Cómo se conectan ellos con este repertorio?

-Inesperadamente se interesaron y lo viven y lo transmiten. Es que, finalmente, todo lo resolvemos si hay amor. Es una frase chabacana, más antigua que la vida, pero cuando lo pensás de verdad tomás conciencia de que el único motor es el amor. Por eso este espectáculo lo califico como concierto teatro, porque las canciones están teatralizadas, las coreografías de Elizabeth de Chapeaurouge tienen un pequeño guioncito.

-¿Por qué volver a ese pasado?

-Porque formó parte de la historia de mucha gente. Cuando les presenté el repertorio a los chicos se enamoraron de esos temas. Son potentes. Me emocionaba que a ellos los conmovieran. Son clásicos. Cada uno tiene como mínimo cinco versiones. Y ahora hay como una necesidad de volver. Cuando te estás cayendo al abismo y no sabés de dónde manotear, tenés que ir para atrás, a tus maestros. Siento que fue bueno nutrir a los chicos con estas canciones. El año pasado, cuando dejé el cargo de directora del Teatro Argentino de La Plata, necesitaba hacer algo y monté Taquicardia, un trabajo que hablaba de la supervivencia. Entonces entendí que me gusta abordar el teatro musical desde el lugar de la experimentación. No me gusta mucho esa palabra. Necesito buscar un formato y hacer un teatro más performático. Más acorde con la percepción de lo que estamos viviendo en este momento, en que el tiempo no vale lo mismo que hace unos años. Se está modificando todo, hasta la manera de relacionarnos. Quiero un teatro de impacto, que te sientes y no sepas qué va a pasar, que no entendés, pero vas entrando. Hasta que te atraviesa y te vas contento. Creo que estoy volviendo a mi formación plástica.

-¿Cómo resultó tu gestión en el Argentino como directora artística?

-En ese tiempo, volvimos a hacer repertorio y el público nos acompañó. Quedé muy relacionada con lo humano, con los empleados, y cuando regreso al teatro la gente me saluda con afecto. Eso es lo más importante, si no tenés ambición de hacer carrera allí. Y yo no la tengo.

-Con este trabajo estás conmemorando tus quince años como directora. ¿Te interesa repasar algo de lo que has hecho?

-Son quince años como directora, pero treinta dentro de un teatro. Empecé como realizadora de escenografía, fui escenógrafa de televisión, después directora de arte de películas y también de programas de televisión. Y un día decidí dirigir. Nos juntamos con Elena Roger. Ella quería cantar las canciones de Mina y ahí empezó todo. Durante todos estos años busqué y lo voy a seguir haciendo. La gente me dice que con este espectáculo volví a mis orígenes. Parecería un paso atrás. Pero no, es como volver y revisar. Es como si me dijeran: «Te doy otra oportunidad, retrocedé y fijate si cometés los mismos errores o aprendiste algo». Me siento así.

[ad_2]

Source link

Lo mas Leido