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A qué colegio mandar a nuestro hijo

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La vida es bastante circular, pensaba la otra noche, mirando a mi dulce hijo dormir. Como si fuera hoy, me acuerdo con nitidez cuando hace 30 años me reía de mi novia Andrea porque, aunque los dos éramos de la «cole», ella tenía un toque particular: descendiente de alemanes, iba a un colegio donde, claro está, se hablaba ese idioma. Para mí era inexplicable esa combinación judeo-alemana y por eso la cargaba, porque no entraba en mi estrecha mente adolescente cómo compatibilizar ambos orígenes.

Andrea era muy inteligente, sensible, hija de psicoanalistas y algo menor que yo. Me acuerdo de cómo escuchábamos juntos el «Tema de Pototo» mientras pensábamos si tendríamos un futuro juntos. Pero éramos adolescentes y luego cada uno tomó su propio camino. Nunca más supe de ella.

Veinte años después conocí a que sería luego la madre de mi hijo, también muy inteligente, luchadora, idealista. Laura también es, curiosamente o no, hija de alemanes, aunque no de la «cole». De ese amor nació Hernán, nuestro pequeño, después de mucho esfuerzo.

Foto: Archivo

Desde entonces me pregunté cómo transitaría él su camino entre una madre fervientemente agnóstica y un padre culposamente judío. Nuestro primer punto de discusión fue, justamente, a qué colegio iría el pequeño. Laura, tajante como casi siempre, quiso que fuera a uno alemán. Yo prefería uno con inglés como segunda lengua.

Florencia, una amiga, me ayudó a decidirme: «Anotalo en la escuela alemana de tu barrio, apenas Hernán salga de la panza de Laura, porque es difícil conseguir una vacante. Es muy bueno y está lleno de hijos de parejas mixtas». Dejé de lado el orgullo y les hice caso a las dos. Hoy Hernán ya está en la primaria, feliz con sus amigos y con la educación que recibe en el colegio donde, hace 30 años, estudiaba Andrea.

Me encantaría poder contarle en persona que tenía razón, que es posible compatibilizar todo lo que uno cree que pertenece a un «ghetto» diferente. Las lecciones de la vida a veces demoran, pero llegan. Y Andrea, sin saberlo, me había dado una muy valiosa.

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